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El coral de 2.075 años que la NOAA midió en las Islas Maug

Gigante milenar descoberto vivo tem tamanho de 4 ônibus escolares

2.075 años de vida ininterrumpida bajo las olas del Pacífico Occidental. Esa es la edad mínima estimada para la colonia de corales que la Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, la NOAA, acaba de cartografiar. El organismo pertenece a la especie Porites rus y ocupa una superficie colosal de 1.347 metros cuadrados, una extensión que supera, tanto en dimensiones como en longevidad, casi todos los registros biológicos modernos de animales invertebrados conocidos por el ser humano.

Localizado en las Islas Maug, en el archipiélago de las Marianas, el gigante marino recuerda a una catedral sumergida. La estructura se extiende por 31 metros de ancho en su parte superior y alcanza los 62 metros en su base. La escala obliga a mirar el arrecife con otros ojos: no se trata de un conjunto de corales vecinos, sino de un único organismo colonial que fue creciendo, pólipo a pólipo, durante veinte siglos.

La biología de la longevidad en las Islas Marianas

A diferencia de los árboles o de otros corales que exhiben anillos de crecimiento fáciles de leer, el Porites rus exige cálculos matemáticos rigurosos para ser datado. Los investigadores recurren a la tasa de crecimiento constante de la especie, un valor ya verificado en campo, y lo aplican a las dimensiones medidas para reconstruir la línea de tiempo del organismo.

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Como la colonia se expande apenas 1 centímetro por año, la aritmética conduce a una conclusión contundente. Este coral empezó a desarrollarse alrededor del año 25 antes de Cristo, es decir, sobrevivió a la caída de imperios, a revoluciones industriales y a todas las transformaciones que la especie humana imprimió al planeta desde entonces, sin abandonar nunca el mismo punto del fondo marino.

«La escala era tan vasta que las restricciones de seguridad para el buceo impidieron una medición manual simple», relata Thomas Oliver, científico jefe de la NOAA. El equipo tuvo que recurrir a tecnología avanzada de fotogrametría para procesar las dimensiones reales, componiendo miles de imágenes en un modelo tridimensional capaz de reproducir cada saliente y cada hueco de la colonia.

Un laboratorio natural de aguas ácidas

La localización del supercoral desafía las previsiones más pesimistas sobre el cambio climático y el calentamiento global. El organismo habita una caldera volcánica sumergida, un ambiente naturalmente hostil donde la química del agua se aparta de lo que se considera normal para un arrecife tropical.

Fuentes submarinas de dióxido de carbono burbujean de forma constante en la región. El fenómeno crea zonas de extrema acidez oceánica y simula, en tiempo real, lo que los científicos prevén para los océanos del futuro como consecuencia de la contaminación.

Lo sorprendente es que el coral gigante ignora la hostilidad química que se manifiesta a pocos metros de distancia. Prospera donde otros organismos sucumbirían al blanqueamiento y funciona como un baluarte de resiliencia genética en medio de un escenario que debería resultarle letal.

El mayor animal marino jamás registrado

Aunque el público asocia la palabra animal a seres capaces de moverse, los corales son animales invertebrados coloniales. Esta colonia en particular es 3,4 veces mayor que el récord anterior, establecido en 2020, lo que la convierte en el mayor animal marino jamás registrado por la ciencia.

La robustez de la especie Porites rus le permite construir estructuras tridimensionales complejas. Esas formaciones sirven de refugio a centenares de otras especies y crean un ecosistema autosuficiente en miniatura, con peces, invertebrados y algas que dependen de los recovecos de la colonia para alimentarse y reproducirse.

Estudios publicados en revistas científicas refuerzan que las colonias masivas poseen mayor estabilidad térmica. Ese factor ayuda a explicar por qué este individuo sobrevivió a múltiples eventos de El Niño y a sucesivas olas de calor oceánicas que arrasaron arrecifes en otras partes del planeta.

La ciencia investiga el secreto de la longevidad

Instituciones de investigación y centros internacionales monitorean estos puntos de esperanza en el océano. El objetivo central es descubrir si esa resistencia puede replicarse en proyectos de restauración de arrecifes, hoy una de las apuestas más urgentes de la conservación marina.

El genoma de estos corales milenarios puede contener la clave para la supervivencia de los arrecifes globales. La capacidad de mantener el crecimiento con un pH reducido sugiere una adaptación evolutiva sin precedentes, algo que la biología clásica todavía no logra explicar por completo.

A diferencia de los arrecifes en declive del Caribe o de la Gran Barrera de Coral, el gigante de Maug continúa su expansión lenta y constante. Ignora, en la práctica, la crisis de biodiversidad que golpea a otras latitudes y que ya redujo a escombros formaciones mucho más jóvenes.

Conservación, bioeconomía e impacto global

El hallazgo refuerza la necesidad de protección integral del Monumento Nacional Marino de la Fosa de las Marianas. Las áreas protegidas garantizan que el flujo genético de estos superorganismos permanezca intacto y disponible para el futuro.

Los científicos defienden que estos corales funcionan como bibliotecas biológicas. Almacenan información sobre la química oceánica de dos milenios y sirven como testigos oculares de la historia de la Tierra, un archivo vivo que ningún laboratorio podría reconstruir desde cero.

El monitoreo continuo utiliza ahora inteligencia artificial para prever nuevas áreas de crecimiento. La preservación de este sitio específico se convirtió en prioridad absoluta para la seguridad ecológica del Pacífico.

El futuro escrito en carbonato de calcio

La supervivencia del organismo demuestra que la naturaleza posee mecanismos de defensa todavía no comprendidos del todo por la biología clásica. La ciencia necesita apurarse para descifrar esos códigos antes de que surjan nuevas amenazas.

El coral de Maug no es solo un monumento al pasado: es también una guía para el futuro de la conservación marina. Representa la victoria de la vida sobre la adversidad química y térmica, y permanece como prueba viva de que la resiliencia es la mayor fuerza del océano. Ni el tiempo ni la acidez lograron detener a este coloso sumergido.

Reportaje: Anne Silva / Revista Amazônia. Fuente: NOAA, Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, y Revista Amazônia.

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