La invasión silenciosa de las hormigas de fuego redibuja el mapa de Brasil

Formigas-de-fogo avançam no Brasil após desmatamento

Una invasión silenciosa, pero extremadamente dolorosa, avanza por el territorio brasileño. El avance de las hormigas de fuego, conocidas científicamente por el género Solenopsis, dejó de ser solo una preocupación rural para convertirse en un desafío de salud pública en zonas urbanas. Un estudio amplio, que analizó registros históricos de 1900 a 2024, revela que la deforestación y la urbanización desordenada sirven de puente para la expansión de estas especies.

La investigación fue conducida por un consorcio de especialistas de instituciones reconocidas, entre ellas la Universidad de Mogi das Cruzes (UMC), la Universidad de São Paulo (USP) y la Universidad Federal de Sergipe (UFS). Bajo el liderazgo de nombres como Victor Hideki Nagatani y la Dra. Maria Santina de Castro Morini, los biólogos examinaron 4.095 registros en colecciones biológicas para entender cómo el impacto humano alteró la ruta de estos insectos en 124 años.

El éxodo de las especies desde el Pantanal y la Amazonía

Históricamente, Brasil albergaba estas especies en nichos bien definidos. La Solenopsis invicta (hormiga de fuego roja) es nativa de las llanuras inundables del Pantanal. Sin embargo, en las últimas cinco décadas inició una migración masiva hacia el litoral. Hoy su presencia está confirmada en 11 estados, con nuevos y preocupantes registros en Espírito Santo, Piauí, Río de Janeiro y Sergipe.

Por otro lado, la Solenopsis saevissima, especie adaptada a los bosques de la Amazonía, expandió su dominio hacia el interior del país. Actualmente ocupa 16 estados brasileños, estableciendo colonias en lugares como Alagoas y Río Grande do Norte. Ese cruce de fronteras naturales no es un fenómeno casual, sino una respuesta directa a la fragmentación de los biomas originales.

Por qué la deforestación favorece a la hormiga de fuego

A diferencia de otras especies que dependen del bosque preservado, las hormigas de fuego son generalistas y extremadamente resistentes. Cuando el monte se derriba para pastos o expansión inmobiliaria, se crea un ambiente de alta incidencia solar y suelo expuesto. Es en ese escenario degradado donde prosperan, sin la competencia de las hormigas nativas que pierden su hábitat con la deforestación.

El artículo, publicado en la revista científica Biological Invasions, destaca que la urbanización actúa como facilitador. Canteros centrales de avenidas, jardines residenciales y terrenos baldíos se vuelven criaderos ideales para estos hormigueros. Donde la biodiversidad nativa retrocede, la hormiga de fuego avanza, convirtiéndose en una especie invasora agresiva en ecosistemas como la Mata Atlántica.

Riesgos para la salud

El nombre no es casual: la picadura de la hormiga de fuego arde como una quemadura. Para la mayoría de las personas provoca ronchas dolorosas y pústulas que pueden durar días. En individuos sensibles, sin embargo, el veneno puede desencadenar reacciones alérgicas graves. El avance de estas colonias hacia parques urbanos y patios residenciales aumenta el contacto con la población, transformando un problema ecológico en una cuestión de salud pública.

El estudio refuerza una lección que la ciencia repite: cada vez que la selva cae, no queda un vacío. El espacio lo ocupan las especies más oportunistas y resistentes, y rara vez son las que benefician al ser humano. Proteger la Amazonía y la Mata Atlántica no es solo preservar paisajes, sino frenar el avance de invasores que prosperan en la destrucción.

Reportaje: Anne Silva / Revista Amazônia. Fuente: revista Biological Invasions; UMC, USP y UFS.

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