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Flona del Tapajós: el ecoturismo comunitario que mantiene la selva en pie

O ecoturismo na Floresta Nacional do Tapajós e como a visitação sustentável de árvores centenárias fortalece a conservação do bioma amazônico

En el oeste del estado de Pará, en plena Amazonía brasileña, la Floresta Nacional del Tapajós se extiende por más de 527 mil hectáreas protegidas entre la margen derecha del río Tapajós y la carretera BR-163, en la región del Bajo Amazonas, a pocas horas de la ciudad de Santarém. Allí crecen árboles que superan los 500 años de edad, como la legendaria samaúma (Ceiba pentandra), con raíces tan vastas que los visitantes aseguran escucharlas “comunicarse” cuando golpean suavemente los troncos. Es uno de los pocos lugares del planeta donde una persona puede tocar a un ser vivo que ya estaba en pie antes de la colonización europea en América.

La Flona no funciona solamente como un banco de biodiversidad: es un museo vivo de la historia natural brasileña, con una infraestructura de senderos que acerca al público a la esencia de la selva primaria de manera segura y educativa. Y ese acceso ordenado, lejos de amenazar el bosque, se ha convertido en una de las herramientas más eficaces para mantenerlo intacto.

Senderos que cuentan la historia de la vida

El sistema de visitación de la Flona del Tapajós fue diseñado para reducir al mínimo el impacto ambiental y ampliar al máximo la educación ecológica. Los recorridos van desde caminatas ligeras hasta expediciones de varios días, y están conducidos por guías locales, muchos de ellos habitantes de las 28 comunidades y aldeas indígenas que viven dentro de la reserva. Andar por esos senderos equivale a una clase práctica de estratificación forestal: el caminante observa cómo la selva de tierra firme cede lugar a las áreas de várzea. El rigor técnico en el manejo de las rutas garantiza que el flujo de turistas no interrumpa los corredores de fauna, y permite la coexistencia entre el ocio y la vida silvestre.

Estar frente a un árbol de medio milenio transforma la percepción humana sobre el tiempo y la naturaleza. Esas gigantes regulan microclimas locales y funcionan como reservorios masivos de carbono, lo que vuelve la preservación de la Flona una pieza estratégica de las metas climáticas de Brasil. El respaldo de instituciones como el ICMBio resulta decisivo para sostener la fiscalización contra la extracción ilegal de madera. En ese contexto, el turismo actúa como una barrera de protección: donde hay ojos atentos de visitantes y de guías, la selva permanece en pie.

Turismo de base comunitaria e inclusión social

Uno de los grandes diferenciales de la Flona del Tapajós es su apuesta por un ecoturismo accesible e integrado a las poblaciones locales. A diferencia de los parques aislados, se trata de una Unidad de Conservación de Uso Sostenible, categoría que permite a las comunidades tradicionales vivir de la selva sin destruirla. La artesanía en látex de comunidades como Jamaraquá y las comidas preparadas con ingredientes de la sociobiodiversidad, entre ellos el aceite de andiroba y la miel de abejas nativas, generan una economía circular que beneficia directamente a los guardianes del bosque.

Para quien busca una experiencia de inmersión, el portal de la Amazonas Sustainable Foundation destaca modelos de turismo de base comunitaria aplicables a toda la región. En la Flona, el visitante no es un mero espectador: es un agente que financia la conservación. El valor invertido en guías, hospedaje y alimentación local es lo que garantiza que las familias no necesiten recurrir a actividades degradantes para sobrevivir. Es la sostenibilidad económica demostrando que la selva vale mucho más cuando se conserva y se comparte con el mundo.

La ciencia bajo las copas de los árboles

Más allá del ocio, la Flona del Tapajós es un polo de investigación científica internacional. Diversos estudios sobre regeneración forestal y dinámica de biomasa se realizan bajo sus árboles centenarios. Investigadores del LBA, el Experimento de Gran Escala de la Biosfera y la Atmósfera en la Amazonía, utilizan torres de monitoreo para entender cómo la selva “respira” y cómo reacciona a los cambios de temperatura global. Esos árboles de 500 años son verdaderos archivos climáticos: guardan en sus anillos de crecimiento datos preciosos sobre las sequías y las lluvias del pasado.

Visitar la unidad también permite conocer la tecnología social desarrollada por las poblaciones ribereñas. El manejo del açaí (Euterpe oleracea), la recolección de la castaña y la producción de cuero vegetal muestran cómo la inteligencia humana puede aliarse a los ciclos biológicos en lugar de forzarlos. El portal EcoBrasil ofrece directrices sobre turismo responsable y refuerza la vieja consigna de no dejar nada más que huellas y no llevar nada más que fotografías. La Flona del Tapajós es el ejemplo perfecto de que la Amazonía puede abrirse al mundo de forma ética y sostenible.

Cosmovisión indígena y bienestar en la naturaleza

Muchas aldeas indígenas dentro de la Flona, como las del pueblo Munduruku, entienden a los grandes árboles como entes espirituales. Para ellas la conservación no es apenas una cuestión técnica, sino sagrada. El ecoturismo respetuoso permite que el visitante se aproxime a esa cosmovisión y experimente un bienestar que solo el contacto profundo con la naturaleza ofrece. Estudios recientes sobre el llamado baño de bosque, el shinrin-yoku japonés, indican que el tiempo bajo copas de árboles antiguos reduce de manera significativa el estrés y fortalece el sistema inmunológico, lo que convierte a la reserva en un destino de salud y rejuvenecimiento.

La Revista Amazônia, a lo largo de sus 25 años, acompañó la transformación de la Flona del Tapajós: de un área marcada por la explotación a un modelo de conservación admirado. El éxito de esta unidad prueba que, con políticas públicas serias y compromiso comunitario, es posible revertir ciclos de destrucción. Los árboles centenarios del Tapajós son testigos del pasado, pero, mediante el ecoturismo consciente, se vuelven puentes hacia un futuro en el que la humanidad aprenda por fin a caminar con la selva y no contra ella.

El futuro de la preservación en el Bajo Amazonas

El desafío actual está en mantener la conectividad entre la Flona y otras áreas protegidas, creando corredores de biodiversidad que permitan el flujo de especies como el jaguar (Panthera onca) y el águila harpía (Harpia harpyja). El fortalecimiento del turismo regional en ciudades cercanas, como Santarém y Alter do Chão, teje una red de protección que valoriza la integridad del paisaje. La Flona del Tapajós es el corazón de ese sistema, y su salud resulta vital para la resiliencia de toda la cuenca amazónica.

Guía de visita responsable

Cómo llegar y cuándo ir. Para visitar la Flona del Tapajós se recomienda contratar guías acreditados por las asociaciones comunitarias locales, como la ACCOTAP. El acceso principal suele hacerse desde Santarém, en Pará, siguiendo por la carretera BR-163 o por vía fluvial a través del río Tapajós. Los mejores meses para caminar por los senderos de tierra firme van de julio a diciembre, el llamado verano amazónico, cuando disminuyen las lluvias. El uso de calzado cerrado es obligatorio, igual que el respeto total a las normas de conducta establecidas para las unidades de conservación por el Gobierno Federal.

Caminar entre árboles centenarios es un ejercicio de humildad y de esperanza. Esas gigantes sobrevivieron a siglos de cambios políticos y climáticos, firmes y silenciosas, y nos enseñan que la verdadera riqueza es la que crece despacio y beneficia a todos. En la Flona del Tapajós cada paso por los senderos es una reconexión con nuestras raíces biológicas más profundas: la sostenibilidad amazónica deja de ser un concepto abstracto y se vuelve algo que se puede tocar al apoyar la mano en la raíz de un árbol que vio cambiar el mundo mientras permanecía protegido por la selva.

Reportaje: Anne Silva / Revista Amazônia. Fuente: Revista Amazônia, ICMBio, LBA, EcoBrasil, ACCOTAP.

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