
Cada año, la vegetación de la Tierra respira en un ritmo que se puede ver desde el espacio. Los bosques del hemisferio norte reverdecen mientras los del sur se apagan, y meses después el movimiento se invierte. Los científicos llaman a este pulso planetario la “ola verde”. Modela los ciclos de vida de los organismos, los ciclos biogeoquímicos y las retroalimentaciones climáticas. Sin embargo, hasta ahora no existía una métrica intuitiva para seguir su dinámica.
Un equipo liderado por el Centro Alemán de Investigación Integrativa de la Biodiversidad (iDiv), el Centro Helmholtz de Investigación Ambiental (UFZ) y la Universidad de Leipzig acaba de proponer una. Y con ella descubrió algo inesperado: la ola verde se está moviendo, y lo hace en una dirección clara, hacia el noreste.
Un globo, unos pesos y un balde de agua
La idea central del método es sorprendentemente simple. El autor principal, el profesor Miguel Mahecha, investigador de la Universidad de Leipzig, del UFZ y miembro del iDiv, la explica con una imagen doméstica.
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Enfriar el planeta desde el mar: la ciencia sopesa intervenir en el océano sin romper la vida marina“Imagine sostener un globo perfectamente redondo en sus manos y sujetarle pequeños pesos, cada uno representando las hojas verdes en cada punto de la superficie de la Tierra. Si luego coloca cuidadosamente este globo en agua calma, el centro de masa siempre apuntará hacia abajo”, describe Mahecha.
Ese punto imaginario, el centro de masa de toda la vegetación del planeta, es lo que el equipo aprendió a calcular y a seguir en el tiempo. Su recorrido recibe el nombre de trayectoria del centroide de la ola verde, y funciona como una aguja que registra la salud y la actividad de la cobertura vegetal global.
Entre Islandia y Liberia
Usando observaciones satelitales y datos de modelos, los investigadores rastrearon cómo se desplaza ese “centro verde” a lo largo del año. En sincronía con las estaciones, la vegetación verde se mueve como una onda de norte a sur y de vuelta, año tras año.
Al seguir el centro de esa onda, su dirección y su velocidad, el equipo halló que oscila entre dos extremos. Su posición más septentrional la alcanza a mediados de julio, en el Atlántico Norte, cerca de Islandia. Su posición más meridional ocurre en marzo, frente a la costa de Liberia.
El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), aporta luz nueva sobre un aspecto poco conocido del cambio climático global: el enverdecimiento a escala planetaria, es decir, el aumento general de la densidad de la vegetación en todo el mundo.
Una deriva que no era la esperada
Al analizar los cambios de la ola verde a lo largo de varias décadas, con datos que abarcan de 1982 a 2020, los investigadores detectaron un desplazamiento consistente hacia el norte en todas las estaciones del año. Aquí llegó la sorpresa: contrariando sus expectativas, no observaron un desplazamiento hacia el sur durante el verano del hemisferio austral.
“Esto fue una gran sorpresa para nosotros”, admite Mahecha. “Estaciones de crecimiento más largas e inviernos más suaves en el hemisferio norte, que permiten que la vegetación permanezca un poco más verde por más tiempo, podrían estar impulsando el cambio general hacia el aumento de la vegetación en la Tierra a lo largo del año. Sin embargo, esa es una hipótesis que necesitamos explorar más a fondo”.
Además del movimiento hacia el norte, el equipo identificó una nítida deriva hacia el este. Según los investigadores, ese patrón probablemente esté ligado a áreas de intensa actividad verde en regiones orientales como India, China y Rusia.
La velocidad del cambio no es uniforme a lo largo del calendario. Los desplazamientos más rápidos ocurren durante los veranos del hemisferio sur. Y en los trópicos, en contraste, la intensidad del color verde de la vegetación varía muy poco: las selvas perennes se mantienen verdes de forma casi constante durante todo el año.
Huellas humanas en la fotosíntesis
Al igual que ocurre con el cambio climático y con la pérdida de biodiversidad, el enverdecimiento a escala global está impulsado principalmente por actividades humanas. Dos mecanismos actúan al mismo tiempo.
El primero es químico: el aumento del CO₂ atmosférico actúa como fertilizante e intensifica la fotosíntesis. El segundo es térmico: las temperaturas más altas prolongan las estaciones de crecimiento en muchas regiones del planeta, dando a las plantas más días de actividad por año.
La fenología, que es el estudio de los patrones estacionales recurrentes en el desarrollo de los órganos de las plantas, resulta crucial para monitorear los impactos del cambio climático sobre los ecosistemas. El nuevo método se apoya en esa tradición, pero la lleva a una escala planetaria.
Kilómetros por década
El valor práctico de la propuesta está en su unidad de medida. La trayectoria del centroide expresa el cambio planetario provocado por el uso de la tierra y por el cambio climático en kilómetros a lo largo de décadas. Ya no se trata de índices abstractos, sino de distancia recorrida.
Para construirla, el equipo usó el Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (kNDVI) derivado de datos del Espectrorradiómetro de Imagen de Resolución Moderada (MODIS), además de la serie GIMMS LAI4g. Con esos insumos calculó una trayectoria tridimensional del centroide de las superficies verdes en un sistema de coordenadas cartesianas, que luego se proyecta sobre la superficie terrestre.
Los investigadores incluso acuñaron términos nuevos para los momentos clave de ese recorrido anual, en analogía con los solsticios y equinoccios: los viridisticios marcan las posiciones extremas del centro verde, y los equivíridis, los cruces entre hemisferios.
Una herramienta para un planeta que se reorganiza
Monitorear el enverdecimiento estacional de la Tierra y medir con precisión la velocidad y la dirección de ese cambio conecta múltiples facetas de la transformación global. Entre ellas, las interacciones entre el clima y la biosfera, los cambios en el uso de la tierra, la dinámica de los incendios, las sequías y la migración animal.
El método ofrece así una base para monitorear la dinámica de la biosfera y su interacción con la dinámica del sistema terrestre y con la actividad humana. En otras palabras, una herramienta poderosa para comprender cómo la superficie viva de nuestro planeta se está reorganizando en un mundo que se calienta.
La ola verde sigue ahí, subiendo y bajando cada año como siempre lo hizo. Pero ya no vuelve exactamente al mismo lugar.
Fuentes: iDiv, Centro Helmholtz de Investigación Ambiental (UFZ), Universidad de Leipzig y PNAS.
Reportaje: Anne Silva / Revista Amazônia
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