
Hace unos 500 millones de años, la mayor parte de la superficie terrestre era roca desnuda y suelo seco. No había árboles, ni hierba, ni flores. La vida existía casi exclusivamente en los océanos. Mucho antes de que los dinosaurios recorrieran el planeta, la Tierra era muy distinta de la que conocemos hoy.
Entonces ocurrió algo extraordinario: las plantas empezaron a crecer sobre la tierra firme. Fue uno de los acontecimientos más importantes de la historia del planeta, porque lo cambió para siempre.
Quien lo explica es un geocientífico, profesor de Geografía y doctorando en Ciencias de la Tierra de la Universidad Estatal de Binghamton, interesado en cómo cambió la diversidad de la flora y la fauna a lo largo del tiempo.
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La historia de las plantas comienza en el agua. Los primeros organismos parecidos a plantas eran formas de vida verdes, simples y diminutas, como las algas. Todavía hoy vemos algas en las playas o como una capa verde y viscosa sobre las rocas de los lagos.
Las algas habitan los océanos y lagos de la Tierra desde hace más de mil millones de años. Son capaces de producir su propio alimento usando luz solar, agua y dióxido de carbono para crear azúcares.
Ese proceso se llama fotosíntesis y libera oxígeno, el gas que necesitamos para respirar, como subproducto.
Al principio, la atmósfera terrestre contenía muy poco oxígeno. A lo largo de millones de años, organismos fotosintéticos como las algas y algunas bacterias liberaron oxígeno lentamente en el aire.
Ese cambio, conocido como el Gran Evento de Oxidación, hizo posible la evolución de formas de vida más grandes y complejas. Sin organismos productores de oxígeno, los animales, incluidos los seres humanos, jamás habrían existido.
Los científicos creen que las primeras plantas verdaderas evolucionaron a partir de algas verdes hace unos 470 millones de años. Aquellas plantas primitivas vivían en aguas poco profundas cerca de la costa, donde las condiciones cambiaban con frecuencia: a veces quedaban sumergidas y otras expuestas al aire. Ese hábitat las ayudó a adaptarse poco a poco a la vida en tierra firme.
Echar raíces en tierra firme
El paso a la tierra firme no fue fácil. Las plantas acuáticas se sostienen gracias al agua y absorben nutrientes con facilidad, pero las plantas terrestres enfrentaron nuevos retos: cómo evitar secarse, cómo mantenerse erguidas sin flotar y cómo obtener agua y nutrientes de un suelo seco.
Para sobrevivir, las primeras plantas desarrollaron rasgos nuevos. Una adaptación clave fue una capa cerosa llamada cutícula, que ayudaba a retener el agua dentro de la planta. También formaron paredes celulares más resistentes, que les permitían mantenerse erguidas frente a la gravedad.
Estructuras simples parecidas a raíces, llamadas rizoides, anclaban las plantas al suelo y absorbían agua y minerales.
Las primeras plantas terrestres eran muy pequeñas y sencillas. Se parecían a los musgos, las hepáticas y los antóceros actuales, que aún crecen en lugares húmedos, como el suelo de los bosques y las orillas de los arroyos. No tenían raíces ni tallos verdaderos y permanecían pegadas al suelo.
Fósiles de plantas terrestres primitivas, como la Cooksonia, datan de hace unos 430 millones de años y muestran pequeños tallos ramificados de apenas unos centímetros de altura. El fósil en forma de Y de la especie Cooksonia barrandei, con 432 millones de años, está considerado la planta terrestre más antigua del mundo y puede verse en el Museo Nacional de Praga, en la República Checa.
Aunque eran diminutas, esas plantas tuvieron un impacto enorme. Al extenderse por el suelo, sus raíces ayudaban a descomponer las rocas y a convertirlas en suelo, un proceso llamado meteorización. Así se formaba una tierra más fértil, capaz de sostener más vida.
Las plantas también liberaron más oxígeno a la atmósfera y mejoraron la calidad del aire. Crearon nuevos hábitats y fuentes de alimento, lo que permitió que insectos y otros animales pasaran del agua a la tierra.
Más complejas con el paso de millones de años
Una vez establecidas en tierra firme, las plantas siguieron evolucionando. Hace unos 420 millones de años desarrollaron tejido vascular: diminutos tubos que transportan agua y nutrientes por toda la planta. Esa adaptación les permitió crecer más altas y fuertes, porque el agua podía llegar desde las raíces hasta las hojas. Entre esas plantas vasculares había parientes primitivos de los helechos y los licopodios.
Con el tejido vascular, la vida vegetal empezó a florecer de verdad. Hace unos 360 millones de años, vastos bosques cubrían buena parte de la Tierra. Helechos gigantes y plantas arbóreas, algunas de más de 30 metros de altura, dominaban el paisaje. Con el tiempo, la materia vegetal muerta de esos bosques quedó enterrada y compactada, formando el carbón que aún hoy usamos como fuente de energía.
Otro paso importante fue el desarrollo de las semillas, hace unos 380 millones de años, presentes en los helechos con semilla. Fósiles como las hojas de Furcula granulifer, del Triásico Superior de Groenlandia, ya mostraban una nervadura reticulada.
Otras plantas con semilla, como las primeras coníferas, un grupo que incluye a los pinos modernos, podían reproducirse sin necesitar agua para la fecundación. Las semillas protegían los embriones y permitían sobrevivir a condiciones adversas, como la sequía o el frío.
La evolución vegetal más reciente ocurrió hace unos 140 millones de años, con la aparición de las plantas con flores, también conocidas como angiospermas. Las flores ayudaron a atraer animales, como insectos y aves, que dispersan el polen y las semillas. Los frutos surgieron para proteger las semillas y facilitar su dispersión.
Un ejemplo es Nanjinganthus dendrostyla, una angiosperma jurásica de China que, según la investigación de Fu y colaboradores, confirma la existencia de angiospermas antes del Cretácico.
Hoy, las plantas con flores forman la mayor parte de la vegetación que vemos, incluidos árboles, gramíneas, frutas y verduras.
Las primeras plantas no solo sobrevivieron: transformaron la Tierra. Cambiaron la atmósfera, construyeron el suelo y crearon ecosistemas que permitieron a los animales prosperar en tierra firme. Gracias a la evolución de las plantas, la Tierra se convirtió en un planeta verde y vivo, repleto de vida diversa.
Reportaje: Anne Silva / Revista Amazônia
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