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La vegetación tiene un límite para evaporar agua, y eso cambia el mapa de sequías e inundaciones

Desenho esquemático do ciclo

«¿Cuánta lluvia cayó?» es la pregunta básica de cualquier conversación sobre clima. Pero puede haber otra más importante. Como en cualquier presupuesto doméstico, la economía global del agua se apoya en los ingresos, el agua que entra al sistema como precipitación, y en los egresos, el agua que sale por distintas formas de evaporación.

En tierra, el agua se evapora sobre todo a través de la vegetación, en un proceso conocido como evapotranspiración. Más del 60% de la lluvia que cae sobre los continentes se consume así. Lo que sobra, disponible como escurrimiento, recarga de acuíferos y consumo humano, es lo que los científicos llaman rendimiento hídrico.

Un techo inesperado

En un estudio publicado en Nature Communications, científicos del Instituto Weizmann de Ciencias descubrieron que, al contrario de lo que se suponía, la evapotranspiración tiene un techo estable. Los ecosistemas la saturan en torno a los 480 milímetros por año (con un margen de 210 mm), y ese límite se mantiene prácticamente constante entre climas y biomas muy distintos. Está bastante por debajo del máximo teórico que predice la física de la energía disponible.

El equipo, liderado por el Dr. Eyal Rotenberg en el grupo del profesor Dan Yakir, basó el trabajo en proyecciones de modelos climáticos y en datos de largo plazo de FLUXNET, una red global de estaciones de medición repartidas en cientos de sitios del planeta.

Por qué importa ese techo

Si la vegetación no puede evaporar más allá de cierto punto, entonces cada milímetro extra de lluvia va directo al rendimiento hídrico. Esa rigidez tiene dos consecuencias opuestas y ambas incómodas.

En las regiones húmedas, el exceso de precipitación no se amortigua por más evaporación: se convierte en escurrimiento, y eso significa mayor vulnerabilidad a inundaciones. En las regiones secas, la misma inflexibilidad hace que el sistema se acerque más rápido a los límites de sostenibilidad ecológica y social. Según esta métrica, las zonas áridas podrían estar más cerca de la línea roja ecológica de lo que se pensaba.

Ambos efectos aparecen también en las proyecciones basadas en modelos, lo que refuerza el hallazgo.

Un indicador más honesto

La conclusión de los autores es que el rendimiento hídrico es un indicador más sensible e integrador que la lluvia sola. Mide lo que de verdad queda disponible para los ríos, los acuíferos, los ecosistemas y la gente, y por lo tanto refleja mejor el riesgo climático real.

Para una región como la Amazonía, donde la selva mueve cantidades colosales de agua hacia la atmósfera y alimenta la lluvia de medio continente, entender dónde está ese techo no es un detalle técnico. Define cuánta agua vuelve al cielo, cuánta corre por los ríos y cuánto margen le queda al bosque cuando el clima aprieta.

Reportaje: Anne Silva / Revista Amazônia. Fuente: estudio del Instituto Weizmann de Ciencias publicado en Nature Communications; red FLUXNET.

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