
La Amazonía siempre se lleva el crédito. Cuando los cientificos hablan de sumideros de carbono, cuando los politicos discuten la proteccion de ecosistemas tropicales, casi siempre se refieren a ella: vasta, verde y oscura como una catedral, guarda unas 150.000 millones de toneladas de carbono en su madera y su suelo. Pero un nuevo estudio revela que otro bioma brasileno, mucho menos celebre, esconde una reserva de carbono que la contabilidad climatica mundial paso por alto.
Larissa Verona paso anos desentranando esa historia en el barro. Tecnica de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp) e investigadora que hoy trabaja con Amy Zanne en el Cary Institute of Ecosystem Studies, Verona perforo muestras de suelo en el Cerrado, la extensa sabana que cubre cerca de una cuarta parte de Brasil. Vuelve del campo cubierta de lodo, cargando un analizador de gases sensible, el LI-COR Trace Gas Analyzer. «Me caigo todo el tiempo en el campo», dice, «pero mientras proteja el instrumento, no me importa. Es como si fuera mi hijo».
Lo que hallo, publicado en la revista New Phytologist, sugiere que la contabilidad global de carbono tiene un vacio considerable. Escondidos en el Cerrado y alimentados por agua subterranea en lugar de lluvia, hay retazos de pastizales anegados que los habitantes locales llaman campos umidos y veredas. Son, en esencia, humedales. Y sus suelos de turba almacenan cerca de 1.200 toneladas metricas de carbono por hectarea. «Ese valor es unas seis veces mayor que la densidad media de carbono de la biomasa en la selva amazonica», afirma Verona.
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El agua potable sigue en riesgo años después de los incendiosEl mecanismo no es complicado. La turba se acumula donde el agua impide que el oxigeno llegue a la materia organica muerta, frenando la descomposicion y permitiendo que el carbono se apile capa sobre capa durante miles de anos. «Las condiciones humedas crean una falta de oxigeno, que retarda la descomposicion», explica Zanne. Colegas del Instituto Max Planck de Biogeoquimica, en Alemania, dataron la turba por radiocarbono: la edad media del carbono rondaba los 11.185 anos, y parte del material llevaba alli mas de 20.000 anos.
Esa escala temporal importa. Replantar un bosque es, en principio, posible. Reacumular 20.000 anos de turba no lo es, no en un plazo que tenga sentido para la crisis climatica actual. «Ese carbono se acumulo durante un periodo muy largo», dice Verona, «y si se pierde, no podremos volver a acumularlo, a diferencia de un bosque que si podemos replantar».
Mientras otros estudios analizaron capas superficiales, de 20 centimetros a un metro, los investigadores de la Unicamp usaron sondas tubulares metalicas conocidas como Russian Peat Auger para extraer muestras de hasta 4 metros de profundidad, lo que resulto determinante. Algunas capas organicas superaban 1,6 metros.
Estimar la extension de estos humedales resulto mas dificil que medir lo que contenian, porque no forman pantanos continuos, sino manchas dispersas. El equipo combino datos de sensores remotos con aprendizaje automatico para mapear su distribucion probable, y el resultado sorprendio: los humedales podrian cubrir unos 16,7 millones de hectareas, un area al menos seis veces mayor que la estimada antes. Eso equivale a cerca del 8% del Cerrado, que a su vez representa alrededor del 2% de Brasil. Si la densidad de carbono se mantiene en toda esa superficie, estos humedales podrian almacenar el equivalente al 20% del carbono de toda la vegetacion amazonica, aunque los investigadores advierten que hara falta mucho mas muestreo para confirmarlo.
Nada de ese carbono aparece en los presupuestos globales de carbono. «El vasto stock del Cerrado no esta incluido porque, hasta hace poco, no sabiamos que existia», dice Zanne, y anade que las estrategias de proteccion «tienden a concentrarse casi exclusivamente en los bosques y descuidan ecosistemas como este». Verona senala una dimension politica frustrante: el Cerrado es visto como el «bioma de sacrificio» de Brasil, el que se convierte en cultivos de soja y pastos para ganado para aliviar la presion sobre la Amazonia. «Brasil quiere proteger la Amazonia», dice, «pero tambien mantener la agricultura. Asi que el agronegocio drena estos pantanos o extrae su agua para riego. Y si sacamos el agua, exponemos los suelos al aire, provocando mas descomposicion y liberacion de carbono».
El coordinador del estudio, Rafael Oliveira, profesor del Departamento de Biologia Vegetal de la Unicamp y orientador de Verona, insiste en que agua y carbono son inseparables aqui: «La gestion del territorio no puede ser solo sobre plantas. La gestion del agua y la gestion del carbono son, en este bioma, exactamente lo mismo».
El riesgo es concreto. Cerca del 70% de las emisiones anuales medidas ocurrieron durante la estacion seca, cuando el nivel freatico baja y los microbios acceden al carbono. Se preve que el Cerrado se vuelva mas calido y seco, lo que lanzaria mas de estas reservas ancestrales a la atmosfera. Hay ademas una dimension hidrologica: el Cerrado alberga las nacientes de cerca de dos tercios de los principales rios de Brasil, incluido, en ultima instancia, el Amazonas. «Sacrificar el Cerrado por la Amazonia en realidad tambien pone en riesgo a la Amazonia», advierte Zanne.
La legislacion brasilena protege, en teoria, los humedales alimentados por aguas subterraneas. Pero en algunas regiones hasta el 50% ya se ha degradado, las protecciones se aplican de forma desigual y los propios humedales estan mal cartografiados. Parte del problema del Cerrado es su invisibilidad: no tiene el dosel carismatico de una selva, es apenas un campo, facil de pasar por alto.
Otras turberas tropicales, como las de la cuenca del Congo, almacenan aun mas por hectarea, algunas mas de 2.000 toneladas metricas, asi que el Cerrado no bate records. Lo que puede ser mas significativo es su fragilidad: el analisis espectroscopico sugiere que su carbono es quimicamente menos estable que el de turberas mas humedas, y por tanto mas propenso a descomponerse rapido cuando cambian las condiciones. Esa combinacion de escala y fragilidad es lo que vuelve urgentes los datos.
«Cuando hablamos de carbono en Brasil, hablamos de bosques», dice Verona. «Pero el Cerrado tambien importa por sus grandes reservas de carbono de largo plazo, y tambien debemos luchar por el». La ciencia se vuelve mas precisa. La politica, por ahora, va con retraso.
Reportaje: Anne Silva / Revista Amazonia
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![La miel de las abejas sin aguijón de la Amazonía revela un potencial antimicrobiano poco común Noventa e nove por cento de eficácia. Este é o índice de inibição bacteriana registrado em laboratório pelo mel de abelhas nativas sem ferrão (meliponíneos) contra cepas resistentes de Staphylococcus aureus, superando antibióticos comerciais. Uma pesquisa pioneira no Pará está validando o que populações tradicionais já sabiam: este "ouro líquido" possui propriedades cicatrizantes e antimicrobianas extraordinárias. O estudo, conduzido por uma rede de pesquisadores de instituições como a UFPA e o MPEG, não foca no mel convencional da abelha africana (Apis mellifera). O alvo são as espécies nativas da Amazônia, como a tiúba (Melipona fasciculata) e a uruçu-cinzenta (Melipona fasciculata), cujo mel possui características físico-químicas únicas. A meliponicultura Amazônia está deixando de ser uma atividade apenas extrativista para se tornar um pilar da bioeconomia medicinal. Diferente do mel comum, o mel das abelhas sem ferrão é mais fluido, menos doce e possui uma acidez natural elevada, fatores que, somados a compostos bioativos da flora amazônica, criam um ambiente hostil para patógenos. O mecanismo biológico da cura A ciência por trás do mel medicinal Pará revela um coquetel de defesa natural. As abelhas nativas sem ferrão mel produzem uma substância rica em peróxido de hidrogênio (um potente antisséptico) e flavonoides com ação anti-inflamatória. Quando aplicado em feridas, este mel forma uma barreira protetora que impede a infecção e estimula a regeneração dos tecidos. Pesquisadores da Fiocruz analisam como as enzimas presentes na saliva dessas abelhas, misturadas ao néctar de plantas medicinais da Amazônia, criam compostos que quebram o biofilme bacteriano – uma "armadura" que protege as bactérias e torna as infecções crônicas difíceis de tratar com medicamentos convencionais. [Imagem de apoio 1: Pesquisadora em laboratório analisando amostras de mel de abelhas nativas em placas de Petri.] Resultados clínicos preliminares são promissores. Em testes realizados com pacientes voluntários que apresentavam úlceras crônicas (como as decorrentes de diabetes), a aplicação compressiva de mel de tiúba resultou no fechamento completo das feridas em tempos significativamente menores que os tratamentos padrão, sem efeitos colaterais. A ciência valida o saber ancestral Este avanço científico não parte do zero. O uso medicinal do mel de meliponíneos é uma prática milenar entre povos indígenas e comunidades ribeirinhas da Amazônia. A pesquisa atual atua como uma ponte, aplicando rigor metodológico para validar e quantificar a eficácia de tratamentos que já curavam infecções de pele e inflamações de garganta há gerações. O INPA destaca que a composição do mel varia drasticamente de acordo com a espécie de abelha e a flora local. Por isso, a certificação de origem e o manejo sustentável são cruciais. Um mel colhido de uma colônia de tiúba que se alimentou de jaborandi terá propriedades diferentes de um colhido de uma colônia de jandaíra que visitou aroeiras. Esta validação científica abre portas para a integração do mel nativo no Sistema Único de Saúde (SUS) como fitoterápico, especialmente em regiões remotas onde o acesso a antibióticos é limitado. Além disso, atrai o interesse da indústria farmacêutica global, que busca novas moléculas para combater a crescente crise de resistência a antibióticos. Desafios da produção e sustentabilidade Apesar do potencial revolucionário, a produção de mel medicinal Pará enfrenta gargalos. As abelhas nativas sem ferrão produzem muito menos mel que as africanas (cerca de 1 a 3 litros por ano por colônia, contra até 40 litros das Apis). Isso torna o produto raro e de alto valor agregado, exigindo técnicas de manejo precisas para não esgotar as colônias. O IBAMA alerta que o aumento da demanda pode incentivar o extrativismo predatório. A solução reside no fortalecimento da meliponicultura Amazônia sustentável. Criar abelhas sem ferrão em caixas racionais, plantando espécies nativas ao redor, é a única forma de garantir produção constante e preservar a biodiversidade. [Imagem de apoio 2: Meliponicultor manejando caixas racionais de abelhas sem ferrão em um sistema agroflorestal.] A destruição de habitats é outra ameaça direta. Muitas espécies de abelhas sem ferrão nidificam exclusivamente em ocos de árvores centenárias. O desmatamento elimina não apenas a flora da qual elas se alimentam, mas seus locais de reprodução, colocando em risco a existência dessas operárias da saúde florestal. Bioeconomia e futuro da medicina amazônica O mel das abelhas nativas sem ferrão não é apenas um remédio, é um vetor de desenvolvimento sustentável. Fortalecer cadeias produtivas de mel medicinal Pará gera renda para comunidades locais, incentivando a conservação da floresta em pé. Um hectare de floresta preservada vale muito mais com a produção de mel medicinal e outros produtos da sociobiodiversidade do que convertido em pasto. A criação de laboratórios de certificação e controle de qualidade no Pará é fundamental para que esse mel chegue ao mercado farmacêutico com segurança e valor justo. O Imazon defende políticas públicas que desburocratizem a regularização da meliponicultura Amazônia e fomentem cooperativas de produtores. O futuro da medicina pode estar escondido em uma pequena caixa de abelhas no coração da floresta. Validar cientificamente o poder curativo do mel de abelhas nativas sem ferrão é um passo crucial para uma medicina mais integrada, sustentável e acessível, que reconhece e valoriza a sabedoria dos povos que coexistem com a Amazônia. O ouro da floresta é medicinal e precisa ser preservado. A cura para feridas resistentes não virá apenas de sínteses químicas, mas da inteligência biológica que a Amazônia aperfeiçoou ao longo de milhões de anos.](https://revistaamazonia.com.br/wp-content/uploads/2026/04/image-32-100x70.webp)







