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El fleco de las plumas que borra el ruido del vuelo de la lechuza

O som que assusta o grito da coruja Suindara parece um bebê chorando

Respuesta directa: las lechuzas y los búhos vuelan casi sin ruido porque los bordes de sus plumas de vuelo se dividen en una franja de filamentos finos que fragmenta la turbulencia del aire. Ese silencio cumple dos funciones: impide que la presa escuche la aproximación y permite que el ave siga oyendo el ambiente mientras desciende. La misma geometría inspira hoy el diseño de turbinas eólicas y ventiladores más discretos.

Nadie la vio llegar. Un instante antes, el tejado estaba vacío. Al siguiente, el ave ya estaba posada sobre la casa, como si hubiera aparecido en mitad de la oscuridad.

Ningún aleteo llamó la atención. Ningún ruido cruzó la ventana. Esa llegada silenciosa convirtió a la lechuza en personaje de leyendas y presagios durante siglos. La explicación, sin embargo, no pertenece al mundo de los espíritus: está escondida en la estructura de sus alas.

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Por qué el vuelo de las demás aves hace ruido

Cuando un ave bate las alas, el movimiento desplaza el aire y genera turbulencia. Según la velocidad, el tamaño del animal y la forma de las plumas, ese flujo desordenado produce sonidos que pueden percibirse a distancia.

Palomas, patos y muchas otras aves anuncian su llegada con el batir de las alas. Para una cazadora nocturna, ese anuncio sería una desventaja seria: un ratón alcanzaría a huir antes de que el ave llegara.

La franja del borde: un peine que corta el aire

Las plumas de vuelo de las lechuzas tienen estructuras que modifican el flujo del aire antes de que se vuelva ruidoso. En el borde delantero, pequeñas proyecciones parecidas a los dientes de un peine dividen las corrientes grandes en remolinos mucho más pequeños.

Un remolino grande golpea el aire con fuerza: mueve mucha masa de una vez y libera energía en frecuencias que otros animales escuchan bien. Muchos remolinos diminutos, en cambio, reparten esa misma energía y la empujan hacia frecuencias más altas, que se disipan antes en el aire y quedan fuera del rango en el que un roedor está atento.

La superficie de la pluma completa el trabajo. En varias regiones el ave presenta una textura blanda, aterciopelada, que amortigua el roce entre plumas durante el aleteo. El borde posterior, deshilachado en una franja flexible, suaviza el encuentro entre el aire que pasa por encima del ala y el que pasa por debajo, justo donde suelen nacer los ruidos más agudos.

El resultado no es un silencio absoluto. Es un vuelo bastante más discreto que el de otras aves de tamaño equivalente.

El silencio también protege el oído de la cazadora

La ventaja no consiste solo en que la presa no escuche nada. Si sus propias alas hicieran mucho ruido, la lechuza perdería el hilo del sonido que está persiguiendo.

El ave localiza a un roedor por el crujido de la hojarasca y corrige la trayectoria en pleno descenso. Un aleteo sonoro funcionaría como una interferencia permanente sobre su propio instrumento de puntería. Por eso la adaptación opera en dos direcciones: esconde a la depredadora y preserva su capacidad de escuchar hasta el último metro.

No todas las especies son igual de silenciosas

El grado de silencio varía según la especie, el ambiente y el tipo de alimentación. Las lechuzas que dependen de pequeños mamíferos y cazan en áreas abiertas, como la lechuza común (Tyto alba), son las que más se benefician de esta adaptación.

Las especies que capturan peces, o que viven donde el ruido pesa menos en el resultado de la caza, muestran diferencias en el acabado de las plumas. Y hay factores externos: la lluvia, el viento y la velocidad de vuelo alteran los sonidos producidos. En una noche ventosa, el ruido del entorno ya cubre buena parte de la aproximación.

Del ala al laboratorio

Aquí es donde la biología deja de ser solo una curiosidad. El ruido aerodinámico, el que nace del propio aire al pasar por un borde, es uno de los problemas más tercos de la ingeniería. Aparece en los aerogeneradores, en los ventiladores de un centro de datos, en las hélices de un dron, en las unidades exteriores del aire acondicionado y en los bordes de las alas de un avión durante el aterrizaje.

Durante décadas, la respuesta habitual fue tapar el problema: más carcasa, más material absorbente, más peso. La lechuza propone otro camino: no encerrar el ruido, sino evitar que llegue a formarse.

Turbinas y ventiladores con borde dentado

De ahí vienen los bordes serrados que hoy se ven en las palas de muchos aerogeneradores modernos: una franja triangular, parecida a un peine o a una sierra, aplicada al borde de salida de la pala. Copia el principio de la pluma, fragmenta los remolinos y reduce el sonido percibido sin obligar a frenar la máquina.

El detalle pesa más de lo que parece. En parques eólicos cercanos a zonas habitadas, el ruido nocturno suele ser el motivo por el que se limita la velocidad de giro durante la noche, y menos giro significa menos energía. Un borde más silencioso permite producir más horas sin molestar a los vecinos.

La misma idea bajó de escala. Fabricantes de ventiladores de computadora, de extractores domésticos y de sistemas de refrigeración industrial adoptaron aspas con bordes ondulados o dentados y superficies texturizadas. En la aviación, los estudios sobre plumas alimentan el diseño de recubrimientos y bordes que buscan bajar el ruido en la fase de aproximación, la que más afecta a los barrios cercanos a los aeropuertos.

El cuerpo entero acompaña la maniobra

Las alas anchas en relación con el peso permiten a muchas lechuzas volar despacio sin perder sustentación. Eso da tiempo para ajustar la dirección, alternar aleteos lentos con tramos de planeo y posarse con delicadeza. Al llegar al tejado, las garras sujetan la superficie de inmediato y evitan movimientos innecesarios.

Después de alcanzar la percha, el ave reduce aún más las pistas de su presencia. La inmovilidad no alerta a los animales pequeños, ahorra energía y facilita la observación. Cuando solo mueve la cabeza, el cuerpo parece fundido con el paisaje: el plumaje con tonos pardos, grises y claros funciona como camuflaje contra árboles, tejados y sombras.

Qué hacer si se posa cerca de casa

Lo primero es mantener la distancia y evitar movimientos bruscos. No conviene espantarla con piedras, objetos ni chorros de agua: además de herir al animal, la reacción puede lanzarlo contra cables, ventanas o estructuras peligrosas. Tampoco se le debe ofrecer comida.

La mejor forma de observarla es dejar que siga su actividad natural y se marche cuando lo considere seguro.

El misterio guardado en una pluma

La lechuza no necesita desaparecer para parecer invisible. Su plumaje reduce el sonido, su color se mezcla con el entorno y sus hábitos se concentran en las horas en que los humanos ven menos.

Cuando se posa en silencio sobre una casa, el efecto parece inexplicable. La verdad resulta más interesante que el presagio: millones de años de evolución convirtieron sus alas en una de las herramientas de caza más discretas de la naturaleza, y la ingeniería apenas empieza a copiar ese borrador.

Reportaje: Anne Silva / Revista Amazônia. Fuente: Revista Amazônia.

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