
La mayoría de los pichones de aves que aparecen en el suelo no está abandonada. Están atravesando una fase biológica natural conocida como etapa de volantón, el momento en que las crías empiezan a explorar el mundo fuera del nido. En ese período los padres siguen cerca, vigilando y alimentando al joven, aunque no resulten visibles para los ojos humanos. Retirar al animal de ese lugar creyendo que se lo está salvando puede, en realidad, interrumpir el aprendizaje vital de supervivencia y de comportamiento social que solo los progenitores de la misma especie consiguen transmitir. La ciencia reconoce que el cuidado parental en las aves silvestres es complejo y que la intervención humana debe ser el último recurso, limitada a casos de heridas visibles o de peligro inminente.
El comportamiento correcto al encontrar un pichón solo es la observación silenciosa y a distancia. Las orientaciones consolidadas por los órganos ambientales indican que el primer paso es verificar si el animal tiene plumas y si logra saltar o realizar vuelos cortos. Si el pichón está en un lugar peligroso, como en medio de una vía o al alcance de animales domésticos, la recomendación es moverlo hacia un arbusto o una rama alta lo más cerca posible del punto original. A diferencia del mito popular, el olfato de las aves no es tan desarrollado como para que rechacen a una cría solo porque un humano la tocó brevemente para ponerla a salvo.
Qué ocurre durante la etapa de volantón
Dejar el nido es un hito crítico en el desarrollo de las aves silvestres. Durante la etapa de volantón los pichones fortalecen la musculatura de las alas y aprenden a identificar depredadores y fuentes de alimento. Los estudios indican que las crías criadas en cautiverio por manos humanas, incluso bien intencionadas, enfrentan dificultades severas de rehabilitación, porque pierden la referencia sonora y de comportamiento de su propia especie. Ese fenómeno, conocido como imprint, hace que el ave se identifique con los humanos y quede incapaz de interactuar con otros miembros de su linaje o de defenderse de amenazas naturales, tanto en la selva como en la ciudad.
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Los tucanes, jardineros alados que siembran la AmazoníaAhí está el punto en que un rescate mal hecho se convierte en un perjuicio disfrazado de auxilio. El ave que perdió la referencia de los suyos no recibe lo que solo los padres de su especie enseñan: dónde buscar alimento, cómo reconocer una amenaza y cómo comportarse entre sus pares. El gesto que nace de la empatía termina produciendo un animal que ya no pertenece del todo a la naturaleza y que tampoco logra vivir en ella sin ayuda permanente.
Cuándo el rescate se vuelve necesario
El Ibama, instituto ambiental federal de Brasil, y otros órganos de protección refuerzan que el rescate solo debe realizarse cuando el pichón está visiblemente herido, con las alas caídas o con sangrado, o cuando se trata de un pájaro de nido, es decir, aquel que todavía no tiene plumas y cayó prematuramente. En esos casos lo ideal es intentar localizar el nido y devolverlo. Si eso no es posible, el contacto con las autoridades ambientales es el procedimiento estándar. Mantener aves silvestres en casa sin autorización, además de perjudicial para el animal, es una infracción prevista en la legislación brasileña, que busca proteger a la fauna nativa contra el tráfico y la domesticación inadecuada.
Existen situaciones específicas en las que la mano humana cumple un papel de impacto positivo para la conservación. Si el ambiente donde se encuentra el pichón fue destruido, o si hay evidencias claras de que los padres murieron, el rescate técnico se hace necesario. En esas circunstancias el animal debe ser derivado a los Centros de Triagem de Animais Silvestres, los CETAS, centros oficiales brasileños de recepción de fauna. Allí los especialistas aplican técnicas que minimizan el contacto humano y se concentran en la rehabilitación con vistas a la suelta. En cualquier escenario, la decisión pasa por el órgano ambiental competente y no por el vecino de buena voluntad.
Nunca ofrecer agua ni comida
La orientación oficial es no ofrecer nunca agua ni alimento, como pan o leche, porque son extraños a la dieta del ave y pueden provocar asfixia o trastornos digestivos fatales. Es una de las recomendaciones más ignoradas y también una de las más letales, porque las dietas inadecuadas matan más rápido que la falta de comida en el corto plazo. Quien encuentra un pichón herido debe limitarse a contactar al órgano ambiental competente y seguir la orientación técnica que reciba.
Convivir con las aves en la ciudad
La convivencia entre humanos y aves silvestres en áreas urbanas exige una mirada más atenta y menos ansiosa. Con el crecimiento de las ciudades sobre las áreas verdes, es común que patios y parques se conviertan en verdaderas guarderías naturales. Mantener perros y gatos bajo supervisión o dentro de casa durante los meses de reproducción de las aves, en general en primavera y verano, es la forma más eficaz de ayudar sin interferir. La ciencia reconoce que la depredación por animales domésticos es una de las mayores causas de mortalidad de pichones en áreas habitadas, y muchas veces supera a las causas naturales de pérdida de nidadas.
Educar a la población sobre el ciclo de vida de las aves es fundamental para la sostenibilidad de la biodiversidad. Muchas veces el deseo de ayudar nace de la empatía, pero la falta de información transforma esa ayuda en un problema ecológico. Las campañas de utilidad pública basadas en las orientaciones del Ibama ayudan a crear una cultura de respeto por la autonomía de los animales silvestres. Entender que un pichón en el suelo forma parte del equilibrio natural permite que las personas aprecien la naturaleza sin necesidad de posesión ni de intervención directa, y fortalece el vínculo con el ambiente de manera consciente.
La biodiversidad urbana depende de nuestra capacidad de compartir el espacio con las otras especies. La presencia de zorzales (Turdus rufiventris), benteveos (Pitangus sulphuratus) y otras aves nativas indica que el ecosistema local todavía conserva resiliencia. Proteger a los pichones significa garantizar que las futuras generaciones de esas aves sigan cumpliendo sus papeles ecológicos, como la dispersión de semillas y el control de insectos. El rescate técnico debe ser la excepción, mientras que la preservación del hábitat y la distancia respetuosa deben ser la regla para quien desea ver prosperar a la fauna brasileña.
Paso a paso al encontrar un pichón
Si encuentra un pichón, siga estos pasos. 1. Observe durante una hora si los padres aparecen. 2. Verifique si hay heridas o sangre. 3. Si está en peligro, colóquelo en una rama alta cercana. 4. Si está herido, contacte al Ibama o a la Policía Ambiental local. Nunca intente alimentar al animal con productos humanos, porque las dietas inadecuadas matan más rápido que la falta de comida en el corto plazo. Fuera de Brasil, el contacto debe hacerse siempre con el órgano ambiental competente de la región donde apareció el ave.
Al encontrar una vida pequeña y vulnerable, el mayor acto de amor que podemos ofrecer es la libertad de dejarla bajo los cuidados de la propia naturaleza.
Reportaje: Anne Silva / Revista Amazônia. Fuente: orientaciones del Ibama y de los Centros de Triagem de Animais Silvestres (CETAS).
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